martes, 20 de diciembre de 2011

MUMBAI - DIA 1




“No te tomes un taxi ni bien llegues, espera hasta que amanezca” me habían advertido antes de despegar para India. En un principio era exactamente lo que iba hacer, pero primero quería fumarme un merecido pucho después de un larguísimo viaje, para esto, tenía que salir del aeropuerto.
“Cuidado, todos se te acercan buena onda pero te terminan encajando algo” era otro de los consejos que también me olvide de poner en práctica. Al toque que salgo del aeropuerto para prender mi cigarrillo, de entre los cientos de indios que habían a las 2 de madrugada, uno me ofrece fuego y me termina convenciendo de que me tome un taxi, uno de los varios que según me explica, son de él. Todavía no había cambiado rupias, pero me aclara que eso no es problema porque los bancos están abiertos. Accedo, el hombre para a uno de “sus taxis” se sube adelante junto con el conductor, pasan dos minutos y me doy cuenta de mi error.
Las afueras del aeropuerto de Mumbay son fuleras en serio y mi chofer las iba a atravesar a todas. Para mi sorpresa, el banco en el que íbamos a parar era un “rancho” a lado de la calle donde vagabundeaban personas de aca para alla y otras tantas dormían entre animales en el piso. El hombre se baja y vuelve enseguida del “banco” con dinero para cambiarme. Me da cinco mil rupias, le entrego cien dólares y se me queda mirando: “¿One dólar?” me dice y me muestra exactamente eso, un billete de un dólar en la misma mano en la que yo le había dado el de 100, la gran “9 reinas” versión india. Me paranoiqueo, discuto y termina dándome el dólar balbuceando algo que no entiendo. Mi explicación: probó si caía en la trampa, no cai y me dejo su dólar tranfuga y seguimos viaje. Cinco minutos más y el auto para al lado de otro taxi detenido, me dice que tengo que cambiar, por qué, pregunto, pero no me explican, solo dicen que un nuevo taxista me va a llevar. Ahora si estoy cagado hasta las patas y no me traje mucha ropa como para estar cambiándome.
Mi nuevo taxista no habla inglés y solo se dedica a manejar. No me queda otra que relajarme y confiar en que voy a llegar a destino. El viaje fue una de las experiencias más raras de mi vida hasta hoy. Calles oscuras, gente durmiendo a los costados, olores, muchos olores, bocinasos etc, pero lo más increíble fue la caravana que esquivamos, tres carruajes de madera adornados con dioses y que desprendían un intenso humo con olor a incienso, era tirados por vacas y manejados por niños. Aclaro, todo esto pasaba a las 2:30 de la madrugada.
Fisurado por el viaje, por la falta de sueño que venia teniendo y por el cambio de horario descreía un poco de la realidad de lo que vivía pero finalmente llegamos al hostel. Maldito internet, esto no era exactamente el que figuraba en la pagina que había visto, pero tenia que ser ese. El tipo me quiere cobrar el viaje pero no pensaba pagarle un mango, que se arregle con sus amigos que me cambiar de auto.
Para no despertarla a Cata que me estaba esperando me dejan dormir en un colchón que había en la terraza. Imposible, me cuelgo mirando una lagartija que pululaba por las paredes y decido bajar a dar una vuelta. El de la recepción me aclara que son las cuatro, no importa, necesitaba estirar las piernas. Pero fue demasiado, volvi a los cinco minutos y tipo de la puerta me repite, “son las cuatro”.
Logro dormirme hasta que una vos en español me despierta… ¿tengo que levantarme para ir al colegio? ¿estoy drogado? ¿Dónde carajo estoy? Abro los ojos y ahí estaba Cata con una sonrisa dándome la bienvenida.
Apenas pasaron un par de horas y la india ya me sacudió bastante y lo iba a hacer mucho mas.
A la mañana siguiente me encuentro con estas sonrisas en las calle, definitivamente, inda tiene mucho más para mostrar.

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