(vista desde donde escribo esto)
Dejamos Mumbai. Como toda gran ciudad era un quilombo, aturdía, miles de autos y motos por todas partes, cuervos carroñando todo lo que encontraban y ratas que puluban por doquier, pobresa y aturdimiento.
Como no conseguimos pasajes para el tren para salir de la ciudad, tomamos un colectivo con camas, literalmente con camas, y nos preparamos para 15 horas de viaje hasta Udaipur, toda una aventura. Al principio en el bondi hacían como 40 grados y los sahumerios que el chofer le prendía a una mini estatua que estaba al frente, creaban un clima bastante agobiante asique tuvimos que sacar un poco el cogote por la ventana para respirar hasta que la temperatura bajo tanto que nos cagamos de frio. Justo el “cuarto” nuestro estaba debajo de la bocina, algo ensordecedor en un país donde les gusta tocarla a cualquier cosa que se mueve. Después de algunas paradas en lo que vendrían en parajes oscuros y repletos de musulmanes que intimidaban bastante, llegamos a Udaipur.
Udaipur es una ciudad increíble. Cientos de construcciones bien indues y musulmanas rodean a un gran lago con una construcción tipo castillo en el medio. Todo parece sacado de una película, mujeres son saris impecables, barberos, zapateros, mecánicos y todos los oficios que uno se pueda imaginar conviven en la calle, ya no hay cuervos sino que está lleno de ardillas y vacas que caminan felices por todas partes. Sobre la costa del rio la gente reza, se baña y limpia sus ropas.
Desde la terminal del bondi enganchamos un ricshaw, una moto como las que usan los vendedores de copos de nieve y manzanas acarameladas pero para personas. El conductor, un tipo macanudo, nos recomendó un hostel increíble a las orillas del lago. Justamente en este momento estoy sentado en su terraza, tomando una cerveza, escuchando música indu y mirando a la costa contraria donde varias mujeres lavan sus ropas, un paisaje de película.
Todo en esta ciudad parece ser sagrado, hace un rato salí a dar una vuelta y me colgué en un ceremonia, creo que hinduista, donde tres viejos cantaban y alababan a algo, no logre distinguir que era, mientras lo enterraban con varias ofrendas. Me terminé alejando despacio, no quería formar parte de las ofrendas.
Caminar en la india te ofrece una sorpresa a cada paso, una de ellas es ver como los hombres van de la mano y se tocan bastante, cualquiera podría pensar que son todos gays, pero no, así es la cultura (amigos, no se asusten si a la vuelta salimos a tomar algo y les doy la mano, relájense, se me va a pasar rápido), otra de las cosas que me shokea bastante es ver a la mujeres musulmanas completamente tapadas y con una rejillas a la altura de los ojos para poder ver algo. Podría describir mil cosas mas pero aburriría.
Creo que nos vamos a quedar dos noches más por acá, el lugar es mágico, el clima muy bueno y la gente muy amable.
Por ahora esto es todo, se me calienta la birra y seria un desperdicio desaprovecharla con este paisaje.

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