martes, 20 de diciembre de 2011

UDAIPUR - DIA 3

(vista desde donde escribo esto)

Dejamos Mumbai. Como toda gran ciudad era un quilombo, aturdía, miles de autos y motos por todas partes, cuervos carroñando todo lo que encontraban y ratas que puluban por doquier, pobresa y aturdimiento.  
Como no conseguimos pasajes para el tren para salir de la ciudad, tomamos un colectivo con camas, literalmente con camas, y nos preparamos para 15 horas de viaje hasta Udaipur, toda una aventura. Al principio en el bondi hacían como 40 grados y los sahumerios que el chofer le prendía a una mini estatua que estaba al frente, creaban un clima bastante agobiante asique tuvimos que sacar un poco el cogote por la ventana para respirar hasta que la temperatura bajo tanto que nos cagamos de frio. Justo el “cuarto” nuestro estaba debajo de la bocina, algo ensordecedor en un país donde les gusta tocarla a cualquier cosa que se mueve. Después de algunas paradas en lo que vendrían en parajes oscuros y repletos de musulmanes que intimidaban bastante, llegamos a Udaipur.
Udaipur es una ciudad increíble. Cientos de construcciones bien indues y musulmanas rodean a un gran lago con una construcción tipo castillo en el medio. Todo parece sacado de una película, mujeres son saris impecables, barberos, zapateros, mecánicos y todos los oficios que uno se pueda imaginar conviven en la calle, ya no hay cuervos sino que está lleno de ardillas y vacas que caminan felices por todas partes. Sobre la costa del rio la gente reza, se baña y limpia sus ropas.
Desde la terminal del bondi enganchamos un ricshaw, una moto como las que usan los vendedores de copos de nieve y manzanas acarameladas pero para personas. El conductor, un tipo macanudo, nos recomendó un hostel increíble a las orillas del lago. Justamente en este momento estoy sentado en su terraza, tomando una cerveza, escuchando música indu y mirando a la costa contraria donde varias mujeres lavan sus ropas, un paisaje de película.
 Todo en esta ciudad parece ser sagrado, hace un rato salí a dar una vuelta y me colgué en un ceremonia, creo que hinduista, donde tres viejos cantaban y alababan a algo, no logre distinguir que era, mientras lo enterraban con varias ofrendas. Me terminé alejando despacio, no quería formar parte de las ofrendas.
Caminar en la india te ofrece una sorpresa a cada paso, una de ellas es ver como los hombres van de la mano y se tocan bastante, cualquiera podría pensar que son todos gays, pero no, así es la cultura (amigos, no se asusten si a la vuelta salimos a tomar algo y les doy la mano, relájense, se me va a pasar rápido), otra de las cosas que me shokea bastante es ver a la mujeres musulmanas completamente tapadas y con una rejillas a la altura de los ojos para poder ver algo. Podría describir mil cosas mas pero aburriría.
Creo que nos vamos a quedar dos noches más por acá, el lugar es mágico, el clima muy bueno y la gente muy amable.
Por ahora esto es todo, se me calienta la birra y seria un desperdicio desaprovecharla con este paisaje.

MUMBAI - DIA 1




“No te tomes un taxi ni bien llegues, espera hasta que amanezca” me habían advertido antes de despegar para India. En un principio era exactamente lo que iba hacer, pero primero quería fumarme un merecido pucho después de un larguísimo viaje, para esto, tenía que salir del aeropuerto.
“Cuidado, todos se te acercan buena onda pero te terminan encajando algo” era otro de los consejos que también me olvide de poner en práctica. Al toque que salgo del aeropuerto para prender mi cigarrillo, de entre los cientos de indios que habían a las 2 de madrugada, uno me ofrece fuego y me termina convenciendo de que me tome un taxi, uno de los varios que según me explica, son de él. Todavía no había cambiado rupias, pero me aclara que eso no es problema porque los bancos están abiertos. Accedo, el hombre para a uno de “sus taxis” se sube adelante junto con el conductor, pasan dos minutos y me doy cuenta de mi error.
Las afueras del aeropuerto de Mumbay son fuleras en serio y mi chofer las iba a atravesar a todas. Para mi sorpresa, el banco en el que íbamos a parar era un “rancho” a lado de la calle donde vagabundeaban personas de aca para alla y otras tantas dormían entre animales en el piso. El hombre se baja y vuelve enseguida del “banco” con dinero para cambiarme. Me da cinco mil rupias, le entrego cien dólares y se me queda mirando: “¿One dólar?” me dice y me muestra exactamente eso, un billete de un dólar en la misma mano en la que yo le había dado el de 100, la gran “9 reinas” versión india. Me paranoiqueo, discuto y termina dándome el dólar balbuceando algo que no entiendo. Mi explicación: probó si caía en la trampa, no cai y me dejo su dólar tranfuga y seguimos viaje. Cinco minutos más y el auto para al lado de otro taxi detenido, me dice que tengo que cambiar, por qué, pregunto, pero no me explican, solo dicen que un nuevo taxista me va a llevar. Ahora si estoy cagado hasta las patas y no me traje mucha ropa como para estar cambiándome.
Mi nuevo taxista no habla inglés y solo se dedica a manejar. No me queda otra que relajarme y confiar en que voy a llegar a destino. El viaje fue una de las experiencias más raras de mi vida hasta hoy. Calles oscuras, gente durmiendo a los costados, olores, muchos olores, bocinasos etc, pero lo más increíble fue la caravana que esquivamos, tres carruajes de madera adornados con dioses y que desprendían un intenso humo con olor a incienso, era tirados por vacas y manejados por niños. Aclaro, todo esto pasaba a las 2:30 de la madrugada.
Fisurado por el viaje, por la falta de sueño que venia teniendo y por el cambio de horario descreía un poco de la realidad de lo que vivía pero finalmente llegamos al hostel. Maldito internet, esto no era exactamente el que figuraba en la pagina que había visto, pero tenia que ser ese. El tipo me quiere cobrar el viaje pero no pensaba pagarle un mango, que se arregle con sus amigos que me cambiar de auto.
Para no despertarla a Cata que me estaba esperando me dejan dormir en un colchón que había en la terraza. Imposible, me cuelgo mirando una lagartija que pululaba por las paredes y decido bajar a dar una vuelta. El de la recepción me aclara que son las cuatro, no importa, necesitaba estirar las piernas. Pero fue demasiado, volvi a los cinco minutos y tipo de la puerta me repite, “son las cuatro”.
Logro dormirme hasta que una vos en español me despierta… ¿tengo que levantarme para ir al colegio? ¿estoy drogado? ¿Dónde carajo estoy? Abro los ojos y ahí estaba Cata con una sonrisa dándome la bienvenida.
Apenas pasaron un par de horas y la india ya me sacudió bastante y lo iba a hacer mucho mas.
A la mañana siguiente me encuentro con estas sonrisas en las calle, definitivamente, inda tiene mucho más para mostrar.

Visa para salames


Voy a sacar mi visa a la embajada de la India, estoy contento, además es gratis.
Me atiende el segundo del embajador, acaba de llegar a nuestro país y no parece estar muy contento de su destino o simplemente es un amargado full time.
Lee mi “expediente” que dice que soy periodista (es lo que pongo, en esos momentos me gustaría saber que soy  famoso porque en las entrevistas siempre preguntan ¿y qué profesión pones cuando salís del país?)
El tipo me pregunta en un ingles paposo “what does it mean to be periodista” y en mi ingles paposox2 les explico.
Como no parece creerme del todo o no me entiende, saco dos revistas y le muestro que los textos y las fotos son mías. Las examina, me dice “very interesting” y pide que lo espere unos minutos que se las va a mostrar al embajador. Excelente, pienso para mí mismo, capaz que pueda llegar a pegar algún laburo.
Pasa un rato y por adentro ya planificaba la cantidad de cosas que podrían llegar a surgir de este momento fortuito. Unos minutos más divagando en mi cabeza y ya tenía laburo asegurado y encima divertido.
El tipo vuelve, se acomoda, me devuelve las revistas, me dice que no se las quiere quedar, por mi todo bien porque lo que vamos a hacer juntos va a estar mucho mejor. Vuelve a agarrar mi “expediente” y me dice: “Everything its ok, now you have to pay us 350$”
Me le quedo mirando, ¿Qué paso con todos los proyectos que teníamos juntos? ¿Y los libros de fotos y crónicas que íbamos a hacer cuando estuviera allá? Le digo que la visa es gratis, que todos los que conozco la sacaron gratis, y que hay un cartel que asi lo indica. “Because you are a journalist” me responde, y eso que carajo tiene que ver le digo sorprendido, “because you will take pictures in our country and you will need our help”. ¿Algún ejemplo? “at anything” responde secamente. Me parece que me estas cagando y de paso boludeando, me hubiera gustado decírselo de esa manera, pero en el momento no encontré las palabras justas.
Me empaque, no le pensaba pagar un peso porque además no los tenía. Discutimos un rato chapuceando en ingles hasta que se termina de enojar y me dice que llene otro formulario y cambie mi profesión. Pongo que soy docente, se lo entrego y su mirada lo dijo todo, “hijo de puta, podrías haber mentido con una profesión menos noble, no se, abogado” Le aclaro que doy clases en un colegio y le cuento de mis alumnos, pero la mirada que me devuelve empeora “ya mentiste no la embarres más”.
Me despido y el tipo ni saluda. No importa, me faltan 8 dias para irme y ya tengo mi pasaporte con una hermosa foto y la visa de India.